domingo, 7 de junio de 2009



INMUNE A LA VEJEZ



México, D,F; A 26 de febrero de 2009. Despuntaba la mañana y frente a mí un hombre corpulento, erguido, de estatura media, ojos grandes y oscuros, nariz afilada, de rostro sereno, reflejo de que los años han pasado, me toma entre sus brazos como hace veinte años, con la misma fuerza y alegría, pero ¿Qué pasa?, sus manos gruesas y rasposas como una lija, no entiendo porque me parece extraño si gracias a éstas sus herramientas en el trabajo, han sido la clave para cumplir sus dos grandes pasiones, la primera ha sido el formar una sólida familia, la segunda mantener una vida saludable acompañada de la practica del fisicoculturismo. Este gran hombre se llama Rodolfo Emilio Vila Colín, un amante del gimnasio, que con entereza y constancia me ha regalado los mejores momentos de mi vida.

Muy temprano, mi padre acude a correr, son apróximadamente siete kilómetros de recorrido, su firme convicción por lograr mantenerse en forma es realmente digna de ser admirada, pues quien mejor que él, para charlar de nutrición, ejercicio para conseguir esto, aquello; en fin, si toda su vida la ha dedicado a crear conciencia sobre la salud. Radiólogo de profesión, pero talachero por oficio, sí, este es mí padre quien con cuarenta y dos años de edad, cuenta con la fortaleza para mantener una familia, ir acorrer y situar a sus hijos por el camino hacia el deporte.

Recuerdo que desde muy pequeño, él siempre mostró empatía por el ejercicio, busco una y mil formas para provocar en mí el gusto por el deporte, y entre nuestras conversaciones nunca falto: Cuando seas mayor me gustaría que llevarás una vida lejos de los vicios, con un enfoque dirigido a alguna disciplina, es la mejor herencia que te puedo dejar, efectivamente, Ofo, como lo llama mí madre, me ha enseñado que un hombre no se mide por las mujeres que tiene a su lado, éste toma valor cuando su presencia es captada por su mujer, jamás imaginé que su constancia en el gimnasio le hayan dado la serenidad que ahora celebramos en nuestro hogar.

Siempre a su regreso mi madre lo espera con una sonrisa en su rostro, pues a decir verdad las mejores anécdotas de la vida las cuenta mí padre, cuenta con muchas amistades, él no cree que la gente lo busque por su cuerpo, ni yo tampoco, de hecho estoy seguro que se acercan a él porque es un hombre armonioso, equilibrado, resultado conjuntamente del ejercicio y la sana alimentación que mantiene, él dice que ir al gimnasio no debe ser por vanidad, es ir ha esforzarte y desacerté del estrés, porque el deporte no sólo te sirve para estar físicamente bien, ya que mente y cuerpo están en equilibrio.






















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